Mar
2
2014

El desfibrilador salva vidas

En Gipuzkoa hay 150 equipos automáticos que pueden ‘resucitar’ a una persona tras un infarto y están a disposición de cualquier ciudadano. Aunque “podría manejarlos un niño”, poca gente sabe hacerlo. ¿Dónde están y por qué no hay más?

Desde 2005, en la CAV, la legislación permite al personal no sanitario utilizar desfibriladores automáticos. Posteriormente, la normativa vasca se modificó convirtiéndose en la más laxa de todo el Estado. El objetivo: dar “cobertura legal” a cualquier ciudadano para utilizar una máquina que si se aplica en los tres minutos siguientes al colapso cuenta con muchas opciones de salvar vidas. Dicen los expertos que un “niño de cinco años” podría utilizarlo. Sin embargo, pocos saben hacerlo.

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Algunos casos recientes han aumentado el interés sobre estos dispositivos. Uno tuvo lugar en Lezama, el miércoles, donde los médicos del Athletic salvaron la vida a un espectador durante el entrenamiento del equipo de fútbol vizcaino. Para ello usaron un desfibrilador semiautomático. Aunque se utilizó un equipo similar, en noviembre de 2013 no se pudo recuperar a la joven que falleció en la Behobia-San Sebastián. Y no se aplicó esta técnica, porque no había desfibrilador, al futbolista del Tolosa que falleció en Berio el día 2, Urtzi Gurrutxaga.

 

Su familia ha lanzado una iniciativa para exigir la instalación de estos equipos en todos los centros e instalaciones deportivas de la CAV. Cuenta ya con el apoyo de casi 10.000 ciudadanos. ¿Deberían ser obligatorios en determinados espacios públicos? ¿En cuáles? El debate está servido.

Distintas asociaciones y organismos médicos internacionales se muestran favorables a que la Administración, sin obligar, promueva la instalación de estos equipos en espacios públicos. La recomendación es implantarlos en zonas de mucho tránsito de personas.

La realidad es que en Euskadi hay 499 desfibriladores externos automáticos (DEA) o semiautomáticos (DESA) fuera de centros sanitarios y ambulancias de la CAV; 150 de ellos, en Gipuzkoa.

Eficaces en la inmediatez

Nadie discute las bondades de un DEA, pero su aplicación no garantiza el éxito, solo aumenta las posibilidades. De hecho, Carlos Benito, el médico coordinador del Cuarto de Socorro de Donostia, recuerda que la fatalidad siempre está presente en estos casos. Fue él quien atendió a Urtzi Gurrutxaga y duda que un desfibrilador hubiera servido en esta ocasión. “Solo el 20% de las muertes súbitas son recuperables. Hay medicalizadas que llegan al sitio a los cinco minutos y no le dan la vuelta. ¿Que tiene que haber desfibriladores en los campos…? Pues sí; pero igual nadie sabe cómo abrirlo”.

Según datos recopilados por Osakidetza durante un periodo de 18 meses, entre julio de 2009 y diciembre de 2010, estos desfibriladores automáticos instalados fuera de la red sanitaria se utilizaron solo en 16 ocasiones; ocho de ellas en Gipuzkoa. De los 16 casos (doce de esos pacientes tenían 60 años o más), seis personas fueron recuperadas en el momento pero finalmente solo sobrevivieron tres.

Tres personas salvadas en 18 meses con casi 500 equipos instalados pueden parecer pocas, pero el porcentaje de éxito es del 17%; casi el triple que en las actuaciones realizadas con desfibriladores de la red sanitaria. Esto es debido a la inmediatez que ofrecen estos DEA cuando se produce un infarto cerca. El principal problema de estos dispositivos situados en espacios públicos, por tanto, no es su eficacia, sino su poca utilización.

El experto en medicina deportiva Manuel González Aramendi hace una reflexión más “complicada”:”¿Llenando Gipuzkoa de estos aparatos, cuántas vidas vamos a salvar? ¿Es rentable en términos de coste médico-eficiencia? ¿Y dónde los ponemos? ¿En Berio sí y en La Concha no? ¿Y en Altza? Hay estudios que dicen que solo el 1,3% de muertes súbitas se producen practicando deporte y la mayoría suceden mientras dormimos. El deporte no es la causa, sino un hecho coincidente. Este debate hay que hacerlo de forma serena y sosegada”.

la ciudadanía no sabe actuar

Por su parte, asociaciones como Cruz Roja o DYA, que además de propiciar asistencia sanitaria ofrecen cursos de formación de reanimación cardiopulmonar y desfibriladores, admiten que ha habido un boom con estos dispositivos desde la muerte de Urtzi Gurrutxaga.

Juan Ramón Barrena, director provincial de Salud y Socorros de Cruz Roja, va más allá y asegura que aunque un DEApuede salvar la vida, “lo primero es saber hacer una reanimación cardiopulmonar”, que sirve para que “haya más opciones cuando llegue el desfibrilador. Saber hacer la reanimación es tanto o más importante como tener un desfibrilador. En este caso, el problema es que no había uno, pero es más grave que la población no sabe cómo actuar ante una parada cardiorrespiratoria”, algo que, en su opinión, habría que introducir desde la Educación básica.

Nuria Sánchez, responsable de Formación de la DYA, refuerza esta idea y defiende la instalación generalizada de desfibriladores automáticos. Recuerda que “en muchos sitios no han tenido que usarlos nunca, pero la Policía Municipal de Urnieta lo ha hecho dos veces y ha salvado una vida. ¿Cuánto vale eso?”, se pregunta. “Solo con eso estánamortizado lo que vale”.

FUENTE: NOTICIAS DE GIPUZCOA

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